Cuando empezamos un proceso psicoterapéutico es normal que aparezcan muchos miedos, dudas e incertidumbre. No es fácil abrirse en canal a una persona que no conoces y presentarle tus problemas y tus heridas más profundas. Por eso quiero recordarte que este es tu proceso y solo tuyo.
Imagina por un momento que estas en una isla, que te proporciona cierta seguridad, pero no es el lugar en el que quieres estar en tu vida. Imagina que tu deseo es llegar a la península, donde los temporales son más suaves y las aguas más cálidas. Para llegar a la península vas a tener que cruzar a mar abierto, y esa zona está llena de miedo e incertidumbre.
El proceso psicoterapéutico es como cruzar ese mar. Si seguimos con este símil, nuestro papel será el de acompañarte, el de preparar contigo la ruta, ayudarte a recolectar estrategias y aprender a usarlas, enseñarte cómo funcionan las corrientes y cómo enfrentarte a ellas, ayudarte a ver que, aunque asuste el mar abierto no tiene por qué ser peligroso y también ayudarte a remar cuando sientes que no puedes.
Como tu psicoterapeuta, nuestro papel es el de acompañarte y guiarte hacia donde tú quieras ir



